Guillén y Roldán, claves compartidas

Nicolás Guillén y Amadeo Roldán se vieron alguna vez en La Habana de los años 30 del pasado siglo; apenas conversaron, pero compartieron claves imprescindibles en la construcción y para la comprensión de esa condición que parece inasible y no lo es: lo cubano

Nicolas Guillen - Personales
Foto: Mario Ferrer 05/07/82

Publicada: 10/07/2002

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Foto: Mario Ferrer

Nicolás Guillén y Amadeo Roldán se vieron alguna vez en La Habana de los años 30 del pasado siglo; apenas conversaron, pero compartieron claves imprescindibles en la construcción y para la comprensión de esa condición que parece inasible y no lo es: lo cubano.

A la altura del aniversario 118 del nacimiento de uno y los 120 años que median de la llegada al mundo del otro –Guillén, 10 de julio de 1902 en Camagüey; Roldán, 12 de julio de 1900, accidentalmente en París, donde sus padres residían temporalmente–, nadie discute la altísima jerarquía y el posicionamiento referencial del poeta y el músico: Nicolás en la cima de la creación lírica y Amadeo en la punta de la renovación sonora insular.

Amadeo Roldán. Foto: Archivo de Granma

La zona de encuentro se produjo a partir de la primera colección poética de Guillén, Motivos de son, publicada en las páginas del suplemento Ideales de una raza, del Diario de la Marina, en abril de 1930. La efervescencia desatada por aquel salto temático y formal en el paisaje literario impactó por igual a dos jóvenes compositores, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, empeñados en introducir los colores y acentos del legado vivo africano enraizado, y hasta entonces negado, en el ámbito de la música de concierto.

Caturla, quien desde la villa de San Juan de los Remedios sostuvo una intensa relación epistolar con artistas e intelectuales de otras partes de Cuba y del mundo, escribió en una de sus cartas a Guillén: «Usted no me necesita, yo lo necesito a usted». Roldán pudo haber dicho lo mismo.

Lo cierto fue que este último entre 1932 y 1934 completó una de sus obras más representativas, Motivos de son, suite de canciones cubanas para voz y once instrumentos a partir de los ocho textos guillenianos del cuaderno homónimo: Negro bembón, Mi chiquita, Búcate plata, Sigue,  Ayé me dijeron negro, Tú no sabe inglé, Si tú supiera y Mulata. Curiosamente el primero que trabajó fue el que cierra la serie.

Antes, en 1931, Roldán se había apropiado de otro texto de Guillén, Curujey, incluido en el segundo y no menos célebre poemario Sóngoro

cosongo, que vio la luz ese mismo año, aunque en la edición extendida en forma de libro de los Motivos…, en julio de 1930. Se trata de una partitura para coro, dos pianos y dos instrumentos de percusión.

En el caso de Motivos de son, el compositor tuvo que sortear una aparente contradicción: de una parte, los poemas poseían una consistencia rítmica sumamente concentrada que recreaba la célula fundamental del son –justo en ello estaba una de las aristas novedosas de la poética de Guillén-; de otra, a Roldán le interesaba desplegar, como lo estaba haciendo, la comunión entre la africanía inherente a las especies de la música popular y las formas más contemporáneas de la música de cámara.

Para Alejo Carpentier, el problema halló satisfactoria solución. En su libro La música en Cuba (1946, 1ra. edición) observó: «Aquí, a pesar de un trabajo instrumental elaboradísimo, la melodía conserva todos sus derechos. Melodía angulosa, quebrada, sometida muy a menudo a las características tonales del género, pero donde lo negro es ya para Roldán, un lenguaje propio proyectado de adentro a afuera. De muy difícil interpretación, estos Motivos se sitúan entre las partituras más personales del músico».

Muchos años después, la mirada retrospectiva de la musicóloga brasileña Renata Pontes destaca cómo «Roldán irrumpe de manera extraordinaria no solo por su repercusión –lo que evidencia el interés que provocan, más allá de las fronteras nacionales–, sino porque parecen ir de encuentro a un modelo de musicalización de los poemas».

En los programas cubanos de música sinfónica y de cámara no se prestó por largo tiempo la debida atención a la obra de Roldán, prematuramente fallecido el 7 de marzo de 1939. Cantados por trovadores y soneros –y el inefable e irrepetible Bola de Nieve con sus peculiares versiones–, los Motivos… transmitieron por décadas sus valores musicales.

Sin embargo, Guillén y el público cubano solo pudieron escuchar íntegramente la suite vocal-instrumental de Roldán en 1961, cuando la Orquesta Sinfónica Nacional propició su primera audición, con la excepcional soprano Iris Burguet, que la grabó luego para el sello Areíto de la Egrem, en un memorable fonograma dirigido por el maestro Manuel Duchesne Cuzán.

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