Poesía exquisita

Autores de esta tierra se unieron con dos creaciones a una iniciativa convocada a nivel de país para aliviar las tensiones que generan los actuales tiempos de pandemia

Esix Castañeda, Dalila León Meneses y Gustavo Ramos (de izquierda a derecha) son algunos de los autores de la propuesta espirituana. (Foto: Facebook de Ariel Fonseca)

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No existen límites creativos. Ni siquiera los tiempos convulsos —como los actuales, cuando una pandemia ha puesto bocabajo a la humanidad— han podido frenar las inspiraciones. Nuestros artistas se han afincado en lo que han podido sostenerse. Han tomado las bocanadas necesarias y han echado a volar sus musas. Después de canalizar todo cuánto les perturba en sus más íntimas esencias, el resto de los mortales agradecemos porque con cada entrega se alivian un tanto las incertidumbres.

A fin de aportar en ese sentido sanador del arte, el poeta y traductor matancero Israel Domínguez lanzó —como moneda al aire— un reto a sus homólogos amantes del verso de todo el país. La idea: hacer una propuesta que transmitiera al público lector un aliento de esperanza, a pesar de los actuales tiempos difíciles. Así nació el Poema Exquisito del Verano, basado en el cadáver exquisito, “que además significaría una acción poética estival y llevaría implícito la idea de que la poesía también es un producto primoroso y placentero”, confesó su autor intelectual a Claustrofobia, plataforma de promoción y publicidad de la literatura cubana que radica en Santiago de Cuba.

Fue entonces, que el reciénPremio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna 2021, Rigoberto Rodríguez Entenza (Coco), asumió el reto de “enamorar” a los poetas espirituanos para que se sumaran al “juego lingüístico”, donde cada quien, desde su estilo y estética, aporta a la construcción final.

“A mí me gustó mucho, cuando Coco me llamó, primero para sumarme y, luego cuando me pidió que siguiera la coordinación, pues problemas de salud le impidieron terminar de liderar aquí esta idea de nuestro gran amigo y excelente poeta matancero —cuenta Dalila León, quien llevó hasta el final este ejercicio literario—. Con esta propuesta, de una manera diferente, los lectores pueden compartir con una escritura que se aleja del yo”.

Si bien es complicado cumplir la idea del cadáver exquisito —con lejano referente en 1925 cuando los primeros surrealistas lo pusieron de moda—, mucho más resulta en tiempos de COVID-19, al no poder pasar la hoja doblada con el verso oculto para que el otro creador escriba, a partir del tema que mueve al ejercicio creativo.

Se le conoce aquí en Cuba comocadáver exquisito, pero en otros países tiene otros nombres. Se usa mucho en los talleres literarios para estimular la creación. Se piensa en un tema y una persona escribe. Cuando termina, el siguiente participante le sigue. Se repite el proceso tantas veces como número de personas esté jugando. El resultado de los cadáveres exquisitos es siempre divertido y sorprendente.

“Y en esta ocasión no fue diferente. Aunque, confieso que no pudimos respetar lo de escribir a ciegas porque al tener que utilizar WhatsApp, correo electrónico o Messenger fue imposible. Pero ahí entonces está una de las causas de las que a mi juicio los dos textos con firmas de autores espirituanos quedaron coherentes porque cada uno se adecuó al que le precedía. El otro motivo es que surgieron de poetas de gran valía”.

Una iniciativa que encontró la aceptación de Manuel González Busto, Antonio Rodríguez Salvador, Pedro Mendigutía, Liudmila Quincoses, Yanetsy Pino Reyna, Dalila León Meneses, Isis Quintana Ibarra, Gustavo Ramos, Alexander González Góngora, Sayli Alba Álvarez, Esix Castañeda Modesto, Delsa López, Consuelo Sansaric, Luis de la Cruz, Armando Pérez González, Dayana Margarita Pomares, Rigoberto Rodríguez Entenza y Yuri Fernández. Y que logró aportar dos creaciones: un verso libre y una décima.

En las nueve propuestas recopiladas hasta este momento a lo largo y ancho del país, solo Artemisa había regalado ambas obras. Además de los propios autores en esta iniciativa poética, colaboró tambiénArte Poética Latinoamericana (APL), la cual hizo posible la conexión con creadores de América Latina. Y aún se mantiene fomentando la creatividad la Casa Iberoamericana de la Décima, encargada de un grupo de decimistas de toda la isla; el Centro Nacional de Promoción Literaria Dulce María Loynaz, enfrascado en la promoción de los textos, y el Departamento de Comunicación del Instituto Cubano del Libro, en función de conectarnos con los medios de difusión”, añadió Israel Domínguez al sitio digital.

Ya se conoce que se trabaja en publicar en formato físico y digital las creaciones y otras iniciativas mueven el tintero.

“Queremos hacer un video con los autores espirituanos para que cada quien presente sus tres versos. Es otra forma de interactuar con los públicos y agradecer a quienes aceptaron escribir sobre los temas de la luz y la esperanza”, concluyó Dalila León.

Escambray se une a los formatos que comparten este regalo poético espirituano en tiempos de COVID-19:

LUZ DE MAÑANA, vida abundante, palabras que pensamos y no decimos, o esos brazos que lo curan todo. Nacida soy de tus manos, del luto que rompes cuando la claridad llega al horizonte del agua donde se pierden las hojas y todo cuanto va hacia la cascada. No puedo alcanzar la medalla; trato de no sonreír; mas, extrañamente, algo, me hace feliz. Me arrancas una sonrisa y en el despido de la mudez se ilumina el recuerdo. Pero he decidido quedarme en la alabanza del pájaro como la perpetuidad de la imagen. La maleza es un pastel. Vamos a sentarnos. Quien te habló de los cangrejos no degusta la ternura ni se pierde en la cascada. He decidido permanecer en el centro canoro de su mensaje. He decidido ser el vuelo. Simplemente el vuelo. Que seamos deudores de tu condición no te santifica: prosperidad tendida sobre el hueso árido de la desdicha. Al final, hay alas que nacen en su caída y mueren inevitablemente, desde su propia altura. A tu diestra me ciño y en afluencia del viaje soy presa de tu cofradía. Siempre algo te sorprende al final. Hoy tuve la dicha de reunir a Martha y a Verónica en los arduos atardeceres del mar. Quiero bañarme con lluvias de traviatas, olvidar cotidianas advertencias. Quiero ser algo en el centro de la nada. En el centro de la nada ser yo significa ser algo y desde ese algo mostrar que los pasos no andan solos. Los persigue un destino que no se dejan ver, más se presiente.
Como la vela se hincha en el día limpio,
voy por este horizonte que ya tengo
y aún añoro. Y de repente sé que se fueron las tribulaciones como luz que se fuga del espectro para liberar el paso oscuro, la palabra errante. Qué sería de ti sin la tristeza de la sombra del lobo mientras acecha la muerte. Resurgiendo como fénix nuevas auroras, apuntan a un ansia que se aferra a la utopía.

Décima

Danza en la luz que me espera sobre la llama impaciente cual carcajada inocente de un niño con voz de cera.

Me seduce en la vidriera —desprovista de oropel— como un canto.

Ígneo corcel sin domar, salta el portón y corre como un ciclón que deja un rastro en la piel.

Por el escenario pasa —ahora— la nota sentida.

En el viaje de la vida ofrece su pan, su cielo.

Como si fuera riachuelo de un pasado por llegar.

Ansia que impide olvidar las finas huellas precoces camufladas en las voces dispuestas a caminar.

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