Roberto Salas, revelaciones de una mirada

La galería El reino de este mundo, de la Biblioteca Nacional José Martí, invita a apreciar obras del artista del lente fotográfico

Imágenes del ensayo fotográfico Así son los cubanos, de impacto antropológico.  fOTO DE LA AUTORA
Imágenes del ensayo fotográfico Así son los cubanos, de impacto antropológico. Foto: Alberdi Benítez, Virginia

Al redondear los 80 años, la mayoría de ellos con la cámara a cuestas y el espíritu alerta, Roberto Salas pone ante la vista las revelaciones de una de las miradas más completas y profundas de la fotografía cubana contemporánea.

Su oficio es de arte mayor, celebrado merecidamente, como aconteció el último fin de semana en la Biblioteca Nacional José Martí, adonde acudieron el ministro de Cultura, Alpidio Alonso; el escritor Reynaldo González, uno de los mejores conocedores de la obra de Salas; colegas, amigos y admiradores, quienes compartieron la presentación del volumen Imágenes de la memoria, y parte de las fotos reunidas en el libro, y colgadas en las paredes de la galería El reino de este mundo.

Salas es el joven Salas; el viejo, Osvaldo (1914-1992), fundador de Granma, maestro entre maestros del lente, había emigrado con su familia a Estados Unidos, a ver cómo se ganaba la vida en tiempos del marasmo republicano que seguía padeciendo la Isla luego de la frustrada Revolución del 30. Por eso Roberto nació en Nueva York, el 16 de noviembre de 1940, y a la sombra del padre descubrió la pasión por la fotografía; eso sí, tratando de hallar su propia voz, esa que desplegó, original y plena, a medida que se hizo sentir en las páginas de las publicaciones y, más tarde, en ensayos gráficos de largo alcance.

El reencuentro con la Patria en el mismo 1959 potenció al máximo su obra. El ejercicio del fotorreporterismo en el diario Revolución y las revistas INRA y Cuba, le permitió estar en la primera fila del torbellino de transformaciones sociales y económicas de los nuevos tiempos, y sacar a flote la poesía de la gesta; pues no solo captaba instantáneas para informar o testimoniar este o aquel suceso, o este o aquel protagonista, sino para reflejar atmósferas y penetrar en los intersticios de la realidad; de ahí que sea legítimo subrayar la trascendencia de lo que alguna vez fue noticia para ganar jerarquía estética indiscutible, categoría en la cual se inscriben sus trabajos junto a los de Osvaldo Salas, Alberto Korda, Raúl Corrales, Liborio Noval y Ernesto Fernández.

Bajo este prisma nos llegan los retratos de Fidel y los pasajes del heroico Vietnam, la efigie del Che y la de los hombres y mujeres que, en la calle, defendían el derecho a ser libres en un país asediado, pero también cuentan esas otras fotos que ampliaron su diapasón temático y registro experimental, díganse los desnudos, los pequeños grupos humanos y el pulso habanero.

Acerca de tan vasto alcance, el historiador y crítico de arte Rafael Acosta de Arriba, en la introducción del libro, concluye: «La obra de Salas es un poliédrico, profundo y visceral retrato de Cuba; su mirada abarcadora, incisiva, inteligente y dueña de una exquisita sensibilidad instruida, ha examinado su entorno con curiosidad y avidez».

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