Soberana 1 no es obra de la casualidad

Granma conversó con el doctor en Ciencias Eduardo Martínez Díaz, presidente del grupo empresarial BioCubaFarma, quien esbozó los principales resultados logrados por nuestros científicos en el campo de la producción de vacunas en los últimos 30 años,  que explican por qué hemos llegado a la Soberana 1

Soberana 1 está actualmente en ensayos clínicos y es posible que antes de finalizar el 2020, Cuba tenga, al menos, otros dos candidatos vacunales evaluándose en humanos. Foto: Tomada del Twitter de BioCubaFarma

La prioridad concedida desde los inicios de la Revolución al progreso científico, con énfasis en la formación de un capital humano altamente calificado y la creación de centros investigativos en disímiles ramas del conocimiento, fueron premisas indispensables para que Cuba apostara por incursionar en el promisorio sector de la biotecnología en la década de los años 80 del pasado siglo, casi al mismo tiempo que esa industria emergía en un reducido grupo de naciones de mayor desarrollo tecnológico.

Hoy, cuando trasciende que somos el primer país de América Latina y el Caribe en disponer de un candidato vacunal contra la COVID-19 en fase de ensayos clínicos, no pocas personas dentro y fuera del territorio nacional se preguntan cómo ello ha sido posible en medio de un escenario económico tan adverso, agravado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos.

Sobre el tema, Granma conversó con el doctor en Ciencias Eduardo Martínez Díaz, presidente del grupo empresarial BioCubaFarma, quien esbozó los principales resultados logrados por nuestros científicos en el campo de la producción de vacunas en los últimos 30 años,  que explican por qué hemos llegado a la Soberana 1.

«Cuba tiene gran experiencia en el desarrollo y producción de vacunas. Hoy, la industria biofarmacéutica nacional fabrica ocho de las 11 incluidas en el programa ampliado de inmunización».

Lo  anterior, recalcó, permite una cobertura de vacunación en el país superior al 98 %, con impacto significativo en la eliminación de varias enfermedades infecciosas y la reducción de la tasa de incidencias de otras.

Como puntualiza Eduardo Martínez, la  vacuna antimeningocócica BC, desarrollada por el Instituto Finlay a finales de los años 80, bajo la conducción de la doctora en Ciencias Concepción Campa Huergo, fue la primera de su tipo, a nivel mundial, para el control de la meningitis tipo B.

Patentada por los científicos cubanos, recibió la Medalla de Oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Su empleo en el contexto nacional desde los años 90, permitió disminuir significativamente la incidencia de la referida enfermedad y mantenerla bajo control.

«Otro significativo aporte lo es, sin duda, la vacuna recombinante contra la hepatitis b, creada por científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), encabezados por el doctor en ciencias Luis Herrera Martínez. Además de reducir de forma apreciable la presencia de dicha dolencia en Cuba, a partir del año 2000 no se reportan casos de niños menores de cinco años infectados con el virus de la Hepatitis b».

«En la actualidad, la totalidad de la población hasta los 40 años está inmunizada contra la enfermedad, que causa aproximadamente un millón de muertes anualmente a nivel mundial. Fue la primera de América Latina y el Caribe en lograr la certificación por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y podríamos convertirnos en uno de los primeros países  en erradicarla».

Dentro de los hitos en esta esfera, el doctor Eduardo Martínez mencionó también la vacuna contra el haemophilus influenzae tipo B, resultado original de la Universidad de La Habana, conducido por el doctor en Ciencias Vicente Vérez Bencomo, junto a investigadores de varias entidades del sector biotecnológico.

«Su novedad radica en ser la primera de uso en humanos, cuyo antígeno se obtiene por síntesis química, y logró la certificación de la OMS, un requisito necesario para poder suministrarla a las agencias de las Naciones Unidas».

No menos trascendental es la obtención de la vacuna pentavalente contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B y el haemophilus influenzae tipo B, segunda en lograrse a nivel mundial y la primera producida por un país de América Latina y el Caribe, acotó.

«Nuestras vacunas tienen prestigio internacional, como lo demuestra que cientos de millones de dosis fabricadas en la Mayor de las Antillas han sido suministradas a más de 40 naciones».

Toda la experiencia acumulada por las instituciones cubanas ha sido la base para poder actuar con rapidez y llegar a tener un primer candidato vacunal para la COVID-19, en evaluación clínica en humanos, y otros en fase avanzada de estudios preclínicos, precisó Martínez Díaz.

-¿Cómo se organizó en BioCubaFarma el trabajo alrededor de este importante proyecto de vacuna?

–«A partir del surgimiento de la epidemia en China pensamos rápidamente en una vacuna.  De hecho, desde el Centro de Investigación y Desarrollo chino-cubano que tenemos en Yonzhov, provincia Hunang, en China, presentamos una propuesta para su desarrollo.

«El proyecto tiene como característica la búsqueda de una vacuna universal que sea efectiva contra el coronavirus, no solo para el SARS-COV-2. Tras ser aprobado, ha recibido fondos para su ejecución en China.

«Luego de convertirse la enfermedad en pandemia, activamos de inmediato las comisiones de los consejos científicos del Instituto Finlay de Vacunas y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, instituciones con larga experiencia en los temas de vacunas.

«Igualmente, creamos un grupo de trabajo al cual se integró un núcleo de instituciones de BioCubaFarma, entre ellos, el Centro de Inmunología Molecular (CIM), el Centro Nacional de Biopreparados (BioCen), el Centro de Inmunoensayo (CIE) y el Centro Nacional para la Producción de Animales de Laboratorio (Cenpalab). Todos aportarán su granito de arena a esta labor, que ha contado con el especial acompañamiento del Ministerio de Salud Pública, incluido el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed)», aseveró el doctor en Ciencias Eduardo Martínez.

«La estrategia fue diseñar múltiples variantes basadas en las plataformas tecnológicas propias.  Se ha trabajado con intensidad y, como es lógico, hay algunas que fueron descartándose en el camino, y otras que están teniendo muy buenos resultados.

«Una de ellas es Soberana 1, actualmente en ensayos clínicos.  Antes de finalizar 2020, es muy probable que tengamos, al menos, otros dos candidatos vacunales evaluándose en humanos».

Como los candidatos usan plataformas tecnológicas diferentes, que no compiten en cuanto a las capacidades productivas, ello nos permitiría, en un periodo corto de tiempo, disponer de las cantidades de vacunas necesarias para inmunizar a toda nuestra población y ponerla, asimismo, a disposición de los países que la requieran, subrayó el Presidente de BioCubaFarma.

«Desarrollar distintas variantes de vacunas tiene también el propósito de posicionarlas en edades diferentes, o sea, una vacuna para niños podría ser diferente a la que usemos en adultos y, dentro de los adultos, podríamos diferenciar a los mayores de 60 años, que sabemos requieren de una vacuna de mayor potencia para lograr los niveles de inmunidad necesarios para la protección contra el virus.

«El reto, lanzado por el Presidente Miguel Díaz-Canel, de lograr soberanía con una vacuna propia y hacerla rápido, movilizó a nuestros científicos y tecnólogos. Se ha trabajado intensamente, en unidad, con inteligencia y vamos a cumplir con él, que es cumplir con nuestro pueblo y con Fidel y Raúl», resaltó el doctor en Ciencias Eduardo Martínez.

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